Neuroarquitectura: la arquitectura desde el prisma científico

¿Puede una casa cambiar nuestro estado de ánimo? ¿Puede un edificio hacernos sentir felices, aburridos, estimulados o angustiados? Estas preguntas son complicadas de responder de forma concisa, pero hay una ciencia que estudia cómo podemos construir de una forma determinada para poder vivir mejor: la neuroarquitectura.

Fred Gage, un neurocientífico del Instituto Salk, parece haber encontrado la respuesta: al diseñar los edificios en los que vivimos, el entorno construido cambia nuestro comportamiento y cambia nuestro cerebro. Esto explica la estrecha relación entre arquitectura y neurociencia y su enorme convivencia en el diseño de espacios que ayuden a potenciar las experiencias de las personas que viven, aprenden y trabajan.

 

Entender cómo funciona el cerebro humano en la cognición y la navegación espacial nos permite incorporar estrategias de diseño que van más allá de la necesidad de comodidad y rentabilidad.

Gracias a este concepto y este estudio, buscamos una evolución en la arquitectura, descubriendo un universo que no sólo se basa en la funcionalidad para nuestra vida cotidiana, sino que entra una perspectiva científica que puede mejorar nuestra paz mental.

¿Cuáles son las variables que afectan a neuroarquitectura?

La arquitectura neuronal establece una serie de elementos clave en el diseño de los espacios para garantizar que la mente esté en perfecta armonía.

Color: La neurociencia lleva tiempo estudiando cómo los colores afectan y afectan a nuestro estado de ánimo. Por este motivo, es fundamental estudiar los efectos de los distintos colores sobre nuestro cerebro de una forma más eficiente. Por ejemplo, hoy sabemos que las tonalidades cercanas a la naturaleza (verde, azul, amarillo, marrón…) reducen el estrés y aumentan la sensación de confort.

Iluminación: La luz natural es esencial para mejorar la concentración humana y proporcionar calma. Crea un entorno mucho más amigable que el que genera luz artificial y tiene un efecto muy positivo en nuestro cerebro.

Espacios verdes: Combinar zonas con luz natural y vegetación ayuda a abrir nuestra mente y mejorar nuestro estado de ánimo. Estos espacios son capaces de aliviar la sensación de estrés que experimentamos cuando estamos en espacios cerrados y aumentar nuestra productividad.

Techos: Varios estudios científicos han demostrado que las alturas de los techos afectan a la concentración y las actividades que realizamos. De esta forma, los techos más bajos son más propicios para el empleo general y los techos más altos son más propicios para el desarrollo del trabajo creativo.

Elementos arquitectónicos: las diferentes formas utilizadas en arquitectura también tienen un efecto profundo en nuestro cerebro. Los espacios rectangulares se consideran edificios más pequeños que los rectangulares, lo que le da una mayor sensación de cierre, mientras que los diseños arquitectónicos con contornos curvados y suaves nos aportan seguridad y comodidad.

En Lanic Concept disponemos de 30 materiales, con sus diferentes formatos, con adaptabilidad para vestir los espacios adaptándonos a la idea de armonía del cliente.

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